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Jesus Garay

Jesús Garay nació el 10 de septiembre de 1930 en Bilbo y comenzo a jugar al fútbol en Basarrate, para luego ser fichado por el Begoña. Durante su segunda temporada de contrato, en el año 1948, el Athletic Club tocaba a su puerta y era fichado para ser cedido por un año al Erandio donde terminaría de madurar y forjarse como un soberbio defensa central, con gran técnica y pieza esencial del gran Athletic campeón de la década de los 50´s.

El técnico Josetxu Iraragorri reclamo al jovén Garay, despertando muchas esperanzas, para el primer equipo bilbaino y Jesús hacía su debut en San Mamés el 8 de Octubre de 1950 en la victoria 9-4 frente al Celta. Este apenas sería el inicio de muchas páginas de gloria que Jesús escribiría en el Athletic.

En esta plantilla rojiblanca se encontraban excelentes jugadores como Carmelo, Lezama, Canito, Orúe, Gainza, Nando, Panizo, Iriondo, Venancio y Zarra. Un equipo que anotaba muchos goles y daba gran espectáculo pero que le faltaba contundencia al jugar de visitantes. Se consigue el subcampeonato de la Liga 1951-1952 y se pierde la final de Copa de 1953, por lo que Garay se queda con la miel en los labios.

Para 1954 llega a Bilbao el técnico Daucik proveniente del Barcelona con el firme propósito de renovar la plantilla y hacer olvidar lo antes posible a los "5 Magníficos". La combinación de nuevos jugadores como Uribe, Marcaida, Arieta, Artetxe, Mauri y Maguregi, junto con la gran labor psicológica de Daucik convierten a los leones en un cuadro muy fuerte en todas sus líneas. Para muchos aficionados y periodistas estos "nuevos" leones hacen que el Athletic Club de Bilbao tenga el mejor cuadro en su historia.

Garay forma parte integral en la conquista de la Copa del Rey de 1955 en la primera temporada de Daucik, se arraza con el "Doblete" (Liga y Copa) en la siguiente campaña y en la temporada 1956-1957 el Athletic disputa su primera competición Europea (Champions League) donde se elimina al Porto y al Honved, antes de ser eliminados por el Manchester United en los cuartos de final. Garay se vuelve en un fijo en la Selección Española junto con otros compañeros del Athletic y llegaría a disputar 28 partidos con dicha selección.

Todos los aficionados se sabían esta alineación de lujo de carrerilla y constaba de Carmelo, Orué, Garay, Canito, Mauri, Maguregi, Artetxe, Marcaida, Uribe, Arieta y el cápitan Gainza.

El equipo de aquella década marco una época sin duda y como Garay afirma: "Eramos buenos compañeros, pero sobre todo, amigos. Nosotros nos preparábamos para ganar, siempre para GANAR. Me entendia a las mil maravillas con Orúe y Canito atrás, fuimos una línea defensiva muy compenetrada. Además, Gainza nos trataba como un padre y nos marcaba el camino a seguir una vez en el campo."

En 1958, bajo las ordenes de Albéniz esta gran generación de jugadores lograría su máxima gesta al ganar la Copa del Rey frente al Real Madrid de Di Stéfano (Campeón de Europa) en el mismísimo Santiago Bérnabeu y ante el General Franco. 11 aldeanos vencían al todopoderoso Madrid y se llevaban la Copa para el botxo donde les recibiría su gente en un estado total de euforia.

La elegancia, liderazgo y espectacularidad de Jesús Garay no paso desapercibida y el Barcelona toco a su puerta con una oferta demasiado buena para rechazar. Sin duda, era el central del momento y en el verano de 1960 los catálanes pagaban 6 millones de Pesetas por la transferencia del defensa Vasco, en un movimiento que Garay no quería realizar pero ante la suculenta oferta el Athletic no se pudo negar. Gracias a ese dinero se construyo la tribuna de la Misericordia en San Mamés durante la gestión de Javier Prado. Tribuna que muchos hinchas prefirieron bautizar como la "Tribuna Jesús Garay".

Garay después de retirarse como jugador regreso a su tierra y contribuyo como ojeador y formador de jóvenes valores en Lezama, sin duda fue una persona comprometida y enamorada del Athletic hasta el final de sus días, falleciendo en Bilbo el 10 de febrero de 1995. Los 292 partidos defendiendo la camisa del Athletic a lo largo de 10 temporadas quedan solo como números fríos que no constatan la gran cantidad de alegrias, calidad y confianza que este chaval del botxo le brindo a los aficionados de San Mamés en su época mas gloriosa.